Muchos se escandalizan cuando leen la palabra FUCKING, pero no se escandalizan al no saber  responder cuando se les preguntan: ¿Por qué están en el lugar donde están? Muchos están viviendo o sobreviviendo al hacer cosas sin saber un “por qué”. En un lugar siempre somos inmigrantes o cuidadanos, así mismo, somos los emprendedores estamos moviendonso constantemente a tierras desconocidas.

Imagínate esto: Es un viernes por la noche y después de un largo día de trabajo entras en tu casa y para tú sorpresa, me encuentras sentado en tu sofá. Tu primera reacción es preguntarte:

–¿Quién es usted y qué demonios está haciendo en mi casa? Tu sangre está hirviendo al mismo tiempo que alcanzas tu bate de béisbol con el que cuestionas mi presencia en su casa.

Para su asombro, estoy muy calmado y te digo:

–Bueno, la puerta estaba abierta y yo realmente necesitaba un lugar para quedarme. Tenía frío y tenía hambre. ¿Podrías por favor dejarme quedarme aquí en tu casa? Después de pensarlo un momento, tienes compasión y me permitas quedarme en tu casa.

Para ganar mi sustento, me sugiere que te ayude con actividades hogareñas, “echarte la mano en la casa”. Para la primera semana de mi estancia todo va según lo previsto. Estoy haciendo mi parte manteniendo la casa limpia. A medida que pasa el tiempo, te das

cuenta de que he empezado a relajarme. La semana siguiente cuando vienes a casa del trabajo te das cuenta de que los muebles se han reorganizado y he construido un altar con velas para las estatuas de mi santo. Tus muebles han sido movidos alrededor a la habitación a mi propio estilo y comodidad.

– ¡Usted me pregunta qué diablos está pasando!

– Una vez más, respondo muy calmadamente: “No me gustó la forma en que tuviste sus muebles arreglados, así que lo moví a la forma en que estoy acostumbrado a tener mis muebles.”

–¿Y ese altar? ¿Qué sucede aquí? Pregunta usted.

– De nuevo, muy calmadamente, respondo: “Bueno, ese es mi Dios al que adoro, y tengo que orar todos los días”.

Una vez más, no estás de acuerdo, pero dices:

– No fue mi plan que estuvieses aquí. Sin embargo, estás aquí y como invitado en mi casa, lo menos que puedes hacer es mantenerlo limpio. Si no destrozas la zona donde te alojas se le permitirá permanecer. Por favor, haz lo que puedas para cumplir con esas condiciones.

A medida que pasa el tiempo hay cambios notables tu casa. Ahora te estoy pidiendo mi propia habitación porque necesito mi privacidad, y una vez más tu aceptas permitirme permanecer, aunque los cambios te están haciendo sentir muy incómodo.

Entonces un día al venir a casa y notas que la casa es un lío completo. Vas a conseguir una lata de su cerveza favorita, te das cuenta de que todas se han ido, y el refrigerador está completamente vacío. No hay comida en los cajones de la cocina, y para tu sorpresa, mi

esposa y mis hijos se han mudado, y se han instalado en casa. ¡Enojado, me enfrentas y dices que esto es todo, esta es la última gota! Me dices que me estás echando de tu casa. Audazmente le respondo:

– Sí, me doy cuenta de que toda la comida se ha ido y sí, bebí toda tu cerveza. Y sí, llevé a mi esposa ya mis hijos a vivir en tu casa porque no tenían ningún lugar donde quedarse.

Ahora en un tono exigente continuo diciendo:

– hice una lista de cosas que necesito para la próxima vez que vayas al supermercado. Y no consigas esa misma clase de cerveza que compraste antes, que no me gusta esa marca.

Ahora, como el lector, quiero que tome un minuto para pensar cómo se sentiría conmigo al estar en su casa actuando de esta manera. ¿Te sientes despreciado, maltratado, aprovechado o todo lo anterior? Bueno, déjame decirte esto, eso es exactamente lo que muchos de nosotros hacemos como inmigrantes en este país.

Nos negamos a integrarnos en la cultura, nos negamos a aprender el idioma, e imponemos nuestras formas de vida, incluyendo la religión. Queremos que los ciudadanos de este país se adapten a nuestros caminos, incluso llegando a aprender nuestro idioma. Sé que algunos argumentarán el siguiente punto.

Éste era territorio mexicano en el 1800, por lo tanto, no cruzamos la frontera, la frontera nos cruzó a nosotros. Es como decir que la casa (donde vives) solía ser de mi papá antes de que te la vendieran. entonces, tengo el derecho de estar aquí, y tienes que cuidarme ahora, ¿Tiene sentido para ti? Todos tienen el derecho de discutir, pero no se puede negar el hecho de que es una verdad.

Ahora si te sientes acorralado, este es el momento de tratar con el hecho de que ha sido demasiado tiempo que hemos estado en esta situación. Entonces, ¿qué hacemos ahora? Sólo hay tres cosas que puedes hacer cuando estás acorralado:

  1. Luchar de nuevo.
  2. Argumentan que el sistema está roto.
  3. Cambia tu mismo.

No tienes control sobre los sistemas gubernamentales ni sobre las acciones de nadie. El único control que tienes en la vida es cómo reaccionas a lo que otros te hacen.

  • LUCHA DE NUEVO: ¿Contra quién? ¿Con quién vas a luchar?
  • SISTEMA QUEBRADO: Todos sabemos que el sistema está mal. Debemos entender que hay un par degeneraciones equivocadas, y el sistema es más grande que todos nosotros. No podremos cambiarlo o arreglarlo de la noche a la mañana.
  • CAMBIE TU MISMO: Esta es la única opción que nos queda. Es nuestra responsabilidad entender que el cambio empieza conmigo. Debes entender que eres el cambio que necesitas.

Necesitamos cambiar la forma en que nos vemos a nosotros mismos y entender lo que podemos lograr si cambiamos nuestras mentes de víctimas a ser victoriosos. Sabiendo que si nos aplicamos y aprovechamos nuestra capacidad dada por Dios para soñar, seremos capaces de superar el promedio. Sí, es posible que sea más que el promedio. Pero se necesitará coraje, determinación, dedicación y disciplina para que podamos llegar más allá de lo que se ha convertido la norma, lo que se ha convertido en lo ordinario. No podemos esperar que el sistema o programas patrocinados por el gobierno cuiden de nosotros.

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